La elección y la crisis que enfrenta el régimen chino
En una conferencia organizada por la Oficina 610 en abril de 2003 en la provincia de Hebei, el método de tortura llamado “camisa de fuerza” fue anunciado como “un experimento avanzado para la transformación” y se promovió para ser utilizado por toda China.
Los brazos de los practicantes de Falun Gong se atan y cruzan por detrás en una camisa especialmente diseñada. Luego los guardias empujan los brazos por encima de los hombros hasta el pecho, rompiendo los ligamentos de los hombros. Las piernas se atan, la boca se amordaza y se colocan auriculares en los oídos. Se ata una soga alrededor de los brazos de los practicantes, se pasa un extremo por una barra sobre una ventana alta, y los guardias alzan al practicante del suelo.
Los hombros, codos y muñecas del practicante se fracturan instantáneamente. Mientras, por los auriculares lo bombardean con grabaciones que calumnian las creencias de los practicantes a todo volumen. Si el practicante permanece colgado durante un largo periodo de tiempo, la columna vertebral se fractura y el practicante muere con un terrible dolor.
Después de lanzar la campaña para “erradicar” a Falun Gong en julio de 1999, el ex líder del Partido Comunista Chino (PCCh) Jiang Zemin ascendió a todos aquellos dispuestos a ordenar torturas infernales como esta en contra de practicantes de Falun Gong.
En la China actual, hay funcionarios que ya no quieren seguir mirando para otro lado mientras estos horrores continúan.
La crisis que está haciendo temblar al régimen chino plantea si los funcionarios del PCCh deben seguir persiguiendo a Falun Gong o no. Por debajo de la acalorada lucha que está tomando lugar detrás de los muros rojos del complejo de Zhongnanhai, está la elección clara entre el bien y el mal.
La facción de las manos manchadas de sangre
Cuando Jiang Zemin forzó la decisión de comenzar a perseguir a Falun Gong a través del Comité Permanente del Politburó, los otros seis integrantes del comité se opusieron.
Una vez comenzada, la persecución no tuvo más consenso que el que tuvo en el Comité Permanente. Pero Jiang tuvo sus medios para seguir adelante con su campaña.
Jiang tenía poder, y con ese poder podía dar permisos. La codicia, como la del multimillonario Bo Xilai, era un punto a favor. El gusto por las violaciones sexuales, como el del futuro zar de la seguridad interna Zhou Yongkang, estaba permitido. El gusto por la sangre, como el del jefe de policía Wang Lijun, que en un discurso mencionó su fascinación por la maravillosa escena de un órgano siendo extirpado a la fuerza de una persona viva, era aprobado.
El bufonesco y torpe de Jiang no tenía capacidad de liderazgo, pero sí sabía complacer. Quienes aún tenían escrúpulos aprendieron a abandonarlos mientras se hundían en profundidades morales que los seres humanos decentes no pueden imaginar.
Chantaje y coerción empujaban a los reclutados por Jiang desde atrás, al tiempo que sobornos y sus distintos vicios los tiraban hacia delante. De esta manera, Jiang formó la facción de ‘las manos manchadas de sangre’ que llevó a cabo esta persecución.
Bajo su dirección, estos jefes del PCCh utilizaron el poder que él les otorgó para calumniar a ciudadanos buenos e inocentes; para robar todo lo de valor de los practicantes de Falun Gong, incluso las semillas de los campesinos; para detener a practicantes de a millones y someterlos a trabajo esclavo, privación del sueño y comida en mal estado; para quebrar la voluntad de los practicantes y destruir su fe en lo que creían bueno y verdadero; para arruinar los cuerpos de los practicantes con horrendas torturas; para abusar sexualmente de ellos, violarlos y violarlos en grupo; y, con el objetivo de obtener una pequeña ganancia, sujetar a los practicantes a una camilla de hospital, abrirlos y quitarles los órganos estando aún vivos. (Información detallada en: organharvestinvestigation.net)
La culpa de los integrantes de la facción de ‘las manos manchadas de sangre’ por estos crímenes era su garantía en común. Jiang podía otorgarles poder porque ningún miembro de la facción podía acusar a otro por algo en lo que todos estaban implicados.
En la larga historia de 5.000 años de China, es mucho lo que se ha experimentado, pero el ridículo de Jiang ha arrastrado a la nación hacia su época más oscura y degenerada.
Insostenible
El 25 de febrero, un practicante de Falun Gong llamado Wang Xiaodong fue arrestado luego de que la policía encontró un CD de Falun Gong en su casa de Fuzhenzhou, ciudad de Botou, provincia de Hebei, la provincia al noreste de China que rodea a Beijing.
Después de apelar sin éxito a las autoridades, su familia recorrió el pueblo con una petición a favor de la liberación de Wang. En un día reunieron 110 firmas. En pocos días, 300 personas habían firmado con sus nombres reales y marcaron sus pulgares con cera roja. Los cuadros locales del Partido agregaron un sello oficial.
Todos los vecinos y los cuadros locales saben muy bien que Falun Gong está prohibido. También conocen las consecuencias que pueden sufrir quienes practican Falun Gong o simplemente quienes ayudan a los practicantes. Y a pesar de ello, declararon abiertamente estar del lado de Wang.
La suerte de estos pobladores refleja la situación conflictiva del PCCh. Las fuerzas de seguridad locales que son leales a la facción de las manos manchadas de sangre están ahora hostigándolos, pero en un claro signo de que los vecinos tienen amigos en posiciones clave, su petición llegó al Comité Permanente del Politburó.
Durante 13 años, los practicantes de Falun Gong han protagonizado la mayor campaña de desobediencia civil del mundo. Con enorme paciencia, fueron persona por persona contando su historia. Distribuyen volantes y CDs y hablan de sus propias experiencias con la práctica espiritual.
Los practicantes cuentan cómo viven sus vidas de acuerdo con los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Explican cómo aprendieron a pensar en los otros antes que en sí mismos y a tomar más ligeramente sus diferentes pasiones y deseos.
Ellos cuentan de las extraordinarias mejoras en la salud que experimentaron, con enfermedades crónicas y serias curadas por completo. También cuentan de familias recompuestas, en las que la armonía reemplazó a los conflictos.
Además, desacreditan pacientemente la propaganda que demoniza a Falun Gong y cuentan a qué se somete a los practicantes en los centros de lavado de cerebro, campos de trabajo forzado, hospitales psiquiátricos y en los quirófanos –muchas veces improvisados– utilizados para la sustracción de órganos.
Cada minuto de cada día, decenas de millones de practicantes arriesgan sus vidas a fin de concientizar a sus compatriotas sobre qué es Falun Gong y cómo el régimen los ha perseguido.
Al hacer esto, los practicantes quieren adelantar el día en que la persecución termine, pero también tienen un propósito más noble.
Los practicantes creen en el dicho tradicional chino que enseña que las buenas acciones son recompensadas con cosas buenas, y que las malas acciones reciben su castigo.
Todos quienes hayan apoyado a la persecución están en peligro de convertirse en las víctimas de la persecución. Sufrirán las consecuencias de las maldades cometidas durante la persecución.
Al conectarse con el pueblo de China, los practicantes han tratado de ayudar especialmente a aquellos a los que la facción de las manos manchadas de sangre engañó para que cometan maldades.
Los vecinos del pueblo de Fuzhenzhou son extraordinarios por lo que hicieron, pero no es el único pueblo que rechaza la persecución. En algunos pueblos de China, a la mañana suena una campana para anunciar el comienzo de los ejercicios de Falun Gong. En otros pueblos, las fuerzas de seguridad locales han hecho saber a los practicantes que no los van a perseguir más.
Antes de que comenzara la persecución, los chinos acudían en masa a aprender Falun Gong. Ahora están despertando una vez más a su bondad, a pesar de los trucos y amenazas de la facción de las manos manchadas de sangre.
Al igual que las familias de Fuzhenzhou, el pueblo de China está haciendo una elección. Ya no quieren estar relacionados con la locura que Jiang impuso sobre el país. La petición en Fuzhenzhou conlleva este mensaje entre líneas: la persecución es insostenible, y su fin es solo cuestión de tiempo.
Un chivo expiatorio fallido
Este cambio en el pueblo de China se ha estado formando año tras año. Jiang y su facción vieron que el pueblo estaba dando la espalda a su campaña contra Falun Gong y sabían qué significaba eso. Un día la persecución terminaría, y la facción de las manos manchadas de sangre sería llevada ante la justicia por sus crímenes.
En febrero de 2011, la revista Frontline de Hong Kong publicó un artículo que supuestamente informaba sobre las dos cosas de las que Jiang se arrepentirá. Una de ellas es la persecución a Falun Gong. El artículo describe al dictador Jiang tomando una postura flexible con respecto a la democracia y a la libertad política. El remordimiento por la persecución continuó después de que Jiang se retiró en 2002 y pareció pasarle toda la responsabilidad a su sucesor, Hu Jintao.
Con ese artículo en la revista, Jiang o la facción de Jiang buscaron atar a Hu a la persecución y convertirlo en el chivo expiatorio. Si Hu era culpable, entonces Hu nunca permitiría que Jiang y su facción tengan que pagar por sus crímenes.
Pero la artimaña no funcionó. Los recientes cambios en el PCCh –incluyendo la destitución de Bo Xilai de sus cargos en el Partido y la investigación de Zhou Yongkang– indican que Hu y Wen quieren acabar con la facción de las manos manchadas de sangre.
Todavía tienen tiempo de revertir la política de Jiang de perseguir a Falun Gong. Si Hu y Wen lo hacen, provocarán un cambio histórico en China.
Golpe de Estado fallido
El fallido intento por involucrar a Hu y Wen dejó a la facción de las manos manchadas de sangre con un solo camino: seguir intentando mantener el poder en el PCCh.
Jiang hizo arreglos para que su facción domine al PCCh, aun retirado. En el 16º Congreso del Partido en 2002, que marcó el fin de su cargo como secretario general, Jiang actuó en contra de la costumbre del Partido y expandió el Comité Permanente del Politburó de siete a nueve.
Jiang agregó a Luo Gan y a su viejo aliado Zeng Qinghong y sacó del comité al respetado Li Ruihuan. Además, Jiang hizo cambiar las reglas que rigen el Comité Permanente. En vez de que el Comité Permanente obedezca al secretario general, de ahí en adelante operaría por consenso.
Con estas jugadas, Jiang se aseguró de seguir llevando la batuta en el PCCh, a pesar de que Hu y Wen ocupaban las oficinas superiores en el Partido y el gobierno.
Luo Gan era jefe del Comité de Asuntos Políticos y Legales (CAPL). En la década de 1980, el CAPL era un órgano pequeño del Partido, pero después de la masacre de Tiananmen en 1989, el CAPL asumió el rol de suprimir la disidencia interna y comenzó a ganar poder.
La Oficina 610, designada por Jiang para erradicar a Falun Gong, formaba parte del CAPL y utilizaba sus recursos para implementar la persecución o, en lugares donde no había Oficina 610, el CAPL implementaba directamente la persecución. Jiang y Luo utilizaron la persecución como una oportunidad para expandir al CAPL en tamaño, poder y alcance.
En 2007, en el 17º Congreso del Partido, Luo se retiró y Jiang lo reemplazó con Zhou Yongkang, quien se convirtió también en director del CAPL. Zhou continuó expandiendo el poder del CAPL. Actualmente, el CAPL tiene autoridad sobre más de 1,5 millones de agentes de la Policía Armada Popular, el Buró de Seguridad Pública, los tribunales, la Fiscalía, los abogados, las cárceles, los campos de trabajo forzado, y la enorme red de vigilancia que apunta a la población de China.
Con un presupuesto mayor al del Ejército, Zhou convirtió al CAPL en un segundo centro de poder dentro del PCCh, amenazando la capacidad de la Central del Partido para gobernar.
Sabiendo que Zhou tiene que retirarse en el 18º Congreso del Partido que se realizará este año, la facción de las manos manchadas de sangre hizo arreglos para que Bo Xilai, por entonces jefe del Partido en la ciudad de Chongqing, al centro-oeste de China, tomara su lugar en el Comité Permanente y como director del CAPL.
Bo era una opción segura para mantener el estándar de la facción de las manos manchadas de sangre porque estaba profundamente implicado en la persecución. Mientras Bo Xilai era alcalde de la ciudad de Dalian (1999-2001) y gobernador de la ciudad de Shenyang, en la provincia Liaoning, al noreste de China (2001-2004), decenas de miles de practicantes de Falun Gong de todo el país fueron encarcelados allí.
Grandes cantidades de practicantes murieron. La ciudad de Shenyang se convirtió en un sitio para experimentar con la sustracción de órganos a practicantes de Falun Gong vivos. Bo nunca podría acusar a los otros integrantes de la facción por sus crímenes en la persecución sin incriminarse a sí mismo.
Aunque Jiang hubiera querido que Bo fuera nombrado como sucesor de Hu, de acuerdo con los procedimientos comunes del PCCh, Bo estaba dos escalones por debajo del rango de secretario general. Hacer que Bo llegase a esa oficina no era posible.
Jiang aceptó a Xi a regañadientes, ya que lo creía débil y fácil de quitar del medio. Pero Xi no había participado en la persecución, y Jiang no podía estar tranquilo con la perspectiva de que Xi asumiera el poder.
En un esfuerzo desesperado por mantener en el poder a la facción de las manos manchadas de sangre, se concibió la idea de que Zhou y Bo conspiraran para derrocar a Xi después de que asumiera su puesto.
Este golpe de Estado podría haber progresado, pero Bo no confiaba en la culpabilidad de Wang Lijun, su mano derecha. Bo temía ser incriminado por las revelaciones de la investigación de la Central del Partido sobre Wang, y le dio la espalda. El 6 de febrero, Wang huyó por su vida hacia el Consulado de EE. UU. en Chengdu, el complot quedó al descubierto y, desde entonces, el PCCh ha estado consumiéndose en una amarga lucha.
Una oportunidad
Tal como demuestra el hostigamiento contra los pobladores de Fuzhenzhou, la facción de las manos manchadas con sangre sigue luchando. Si la facción no puede evitar perder el poder, puede continuar creando caos.
La facción de las manos manchadas de sangre sigue luchando porque sus integrantes están terriblemente asustados. Los pequeños tiranos que ordenaron las torturas a sangre fría y la sustracción forzada de órganos ahora tienen miedo de que pronto los juzgue un solemne tribunal.
Mientras la facción continúe con sus agresiones, Hu, Wen y Xi seguirán en peligro y la sociedad china estará en caos.
Este periodo agonizante ofrece a todos la preciosa oportunidad de demostrar su rectitud, moral y coraje.
Los funcionarios del PCCh enfrentan conflictos urgentes, de vida o muerte. Mientras pelean entre sí, podrán pensar que están peleando para protegerse a sí mismos y mantener el poder.
De hecho, la elección fundamental que enfrentan los funcionarios del PCCh no se trata de la autoprotección o del poder. La elección es entre el bien y el mal.
Los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia son universales y constituyen nuestra humanidad. Al perseguir a Falun Gong, la facción de las manos manchadas de sangre se colocó contra la naturaleza humana y contra la base moral de la sociedad china.
Elegir continuar con actos tales como alzar a practicantes de Falun Gong atados con camisas de fuerza es elegir la barbarie por sobre la civilización. Es elegir que caigan desastres y vergüenza sobre China.
Oponerse a la persecución a Falun Gong es elegir la prosperidad del ser humano y un futuro basado en lo mejor de nosotros.
Aunque los recientes eventos dramáticos en China pueden distraer la atención, la elección es fácil de ver. Cada funcionario del PCCh debe elegir de qué lado se coloca, al igual que cada ciudadano chino.
Además, cada gobierno alrededor del mundo y la gente del mundo deben hacer la misma elección.
Estos momentos antes de que termine la persecución permiten que todos reflexionemos sobre lo que ha estado sucediendo en China. Es una oportunidad para elegir un buen futuro.







