Crísis política en China: purgar a la facción manchada de sangre es sólo el comienzo

La Gran Época / 24.05.2012

Los cambios en China apenas están comenzando. Desde que el ex jefe de policía de Chongqing Wang Lijun huyó por su vida hacia el Consulado de EE. UU. en Chengdu el pasado 6 de febrero, una lógica oculta ha llevado de un nuevo e impactante desarrollo a otro.

Bo Xilai, que en un momento parecía tener un puesto asegurado en el Comité Permanente del Politburó, está siendo investigado y fue destituido de todos sus cargos en el Partido Comunista Chino (PCCh).

A continuación, Zhou Yongkang comenzó a ser investigado y le quitaron su autoridad en el poderoso Comité de Asuntos Políticos y Legales (CAPL). Es cuestión de tiempo hasta que él también sea destituido de todos sus cargos.

Mientras Zhou es purgado en cámara lenta, es de esperar que otros altos funcionarios en la facción ‘con las manos manchadas de sangre’ –los funcionarios que promovió el ex líder del PCCh a fin de implementar la persecución de Falun Gong– también sean blanco de la purga.

Pero el progreso de los eventos no se detendrá mientras los criminales son removidos de sus cargos uno por uno. En cambio, se llegará al punto cúlmine en el que se traten las verdaderas causas de la crisis que enfrenta hoy China.

El 20 de julio de 1999, Jiang lanzó una campaña para erradicar a Falun Gong. Los costos económicos, legales, morales y humanos de esta persecución han sido enormes. El camino hacia el futuro de China yace en revertir las desastrosas políticas de Jiang, por lo que la clave para entender la actualidad de China resta en entender el rol que juega Falun Gong.

Costos insostenibles

Cuando el abogado de derechos humanos ciego Chen Guangcheng escapó de su hogar en la provincia de Shandong, el video de Youtube que publicó documentó los gastos extraordinarios que se utilizaron para mantener su arresto domiciliario, con docenas de agentes de seguridad contratados con el único propósito de monitorearlo y hostigarlo.

Los practicantes de Falun Gong han estado 13 años siendo monitoreados y hostigados por agentes de seguridad contratados con ese único propósito. Además, se ofrecen cuantiosas recompensas en efectivo por brindar información sobre los practicantes. Los gastos, multiplicados a lo largo del país, son enormes.

También hay otros contratados con otros propósitos. En algunas partes de China se le paga a personas para vigilar los postes en las calles que los practicantes de Falun Gong trepan para intervenir la señal de cable y utilizarla para difundir información sobre la persecución que sufren.

Este tipo de gastos, en los que se contratan personas de forma independiente para hostigar a sus conciudadanos, generalmente no aparecen en los libros contables.

Unos pocos ejemplos brindan una imagen aproximada de los costos incluidos en los presupuestos oficiales de los que se sirvió la persecución tramada por Jiang. De acuerdo con un informe de la Organización Mundial para Investigar la Persecución a Falun Gong (WOIPFG, siglas en inglés), los gastos del Departamento de Seguridad Pública, el Departamento de la Fiscalía y los tribunales de la ciudad de Qingdao, provincia de Shandong, se incrementaron en un 48,6% en el año 2000. En los cuatro años posteriores al inicio de la persecución, los gastos ejecutivos y legales de la ciudad de Dalian, provincia de Liaoning, se incrementaron en un 467%.

Para poder alojar al gran flujo de practicantes de Falun Gong detenidos, las provincias emprendieron masivas expansiones de cárceles y campos de trabajo forzado. El dinero también se deriva para la detención de practicantes en centros de lavado de cerebro y hospitales psiquiátricos.

Montañas de dinero se utilizaron para calumniar a Falun Gong y engañar al pueblo chino. Con el dinero se pagan artículos de propaganda en periódicos y revistas, la publicación de libros, transmisiones en radio y TV, la producción de ficciones para TV y largometrajes, y volantes, DVDs y carteles que circulan hacia cada rincón de China.

Controlar Internet también costó una enorme cantidad de dinero. Suprimir a Falun Gong se convirtió rápidamente en la misión principal del Proyecto Escudo Dorado, un sistema integral para monitorear Internet. Hacia 2002, el Proyecto Escudo Dorado había costado 6.000 millones de yuan (U$S 724,94 millones).

Además, se desarrollaron softwares específicos para identificar contenidos relacionados con Falun Gong en redes de computadoras y otros softwares para monitorear el contenido sobre Falun Gong en cyber-cafés.

Se contrataron policías de Internet para monitorear posibles referencias a Falun Gong en tiempo real.

También se gastaron grandes cantidades para controlar a los medios de comunicación en idioma chino fuera de China y para financiar el monitoreo de los practicantes de Falun Gong fuera de China.

Al presente, los gastos anuales del CAPL, el principal órgano del Partido con la responsabilidad de perseguir a Falun Gong, publicados oficialmente equivalen a 700 mil millones de yuan (U$S 111 mil millones), una cifra que supera los gastos del Ejército.

Es imposible calcular todos los costos relacionados con la persecución. Fuentes con conocimiento de la situación revelaron a La Gran Época que en su punto máximo (1999-2002), los gastos de la persecución podrían considerarse como los recursos sociales equivalentes a la mitad del Producto Bruto Interno (PBI) de China.

En otros momentos, los gastos se ubicaban, cómo mínimo, entre un tercio o un cuarto del PBI. En el punto más alto, los recursos utilizados para perseguir a Falun Gong equivalían a tres cuartos del PBI.

Estos números aún no reflejan el costo. El dinero gastado en la persecución se tomó de los presupuestos para bienestar social, educación e infraestructura, lo que empobreció al país. Científicos, ingenieros y profesores brillantes tuvieron que irse de China, una fuga de cerebros que el país sufre cada día.

Destrucción del sistema legal

Los gastos monetarios, aún en niveles insostenibles, son el costo menos dañino de la persecución.

Antes de la persecución, se hablaba mucho en China sobre desarrollar las instituciones necesarias para brindar a China el Estado de derecho, y se habían dado pasos en ese sentido. Jiang Zemin y su persecución extinguieron tales esperanzas.

Cuando Jiang estuvo listo para comenzar la persecución, descubrió que no podía usar ninguna ley vigente para acusar a los practicantes de Falun Gong, ya que estos no significaban ningún daño a la sociedad ni estaban violando ninguna ley.

Entonces Jiang inventó un nuevo sistema para llevar a cabo la persecución. Estableció un nuevo órgano del Partido, la Oficina 610, la cual utilizaba al CAPL, el órgano del Partido que supervisa casi todos los aspectos de la imposición de la ley en China.

Debido a que la persecución misma es ilegal, muchas políticas de la Oficina 610 no podían ser comunicadas a través de documentos oficiales. Se transmitían en conversaciones o en llamadas telefónicas.

Los practicantes de Falun Gong han escuchado a integrantes de la Oficina 610, de los campos de trabajo forzado y de las prisiones repetir ciertas políticas una y otra vez: “Si se los golpea hasta la muerte cuenta como suicidio”, “cremar el cuerpo inmediatamente”, “manchar sus reputaciones, arruinarlos económicamente y destruirlos físicamente”.

Tales políticas entrenaron al personal del aparato de seguridad del régimen para hacer caso omiso a la ley, ser indiferentes ante los derechos individuales y practicar la brutalidad con impunidad. Además, la persecución alentó y premió el sadismo. El desertor Hao Fengjun es un ejemplo visible de una tendencia silenciosa en el aparato de seguridad de China. En 2005, Hao, miembro de la Oficina 610 en Tianjin, decidió que ya no podía seguir relacionado con la persecución y huyó a Australia en busca de asilo.

Otros no han buscado asilo –una jugada peligrosa, ya que a los integrantes del aparato de seguridad interna no se les permite viajar– pero se han alejado de las fuerzas de seguridad o se rehusaron a seguir participando en la persecución.

Otras políticas –“Ningún abogado tiene permitido defender a los practicantes de Falun Gong” y “No se reciben, aceptan ni explican los casos presentados por practicantes de Falun Gong” – han revertido todo progreso que el sistema legal chino había logrado en su camino hacia el Estado de derecho.

Jueces, personal de la Fiscalía y abogados defensores tuvieron que entender a la fuerza que el sistema legal existe para imponer el régimen del Partido y, en particular, para ejecutar la persecución.

Docenas de abogados defensores entendieron que los practicantes de Falun Gong proveen casos cruciales para intentar defender el Estado de derecho en China, con Gao Zhisheng siendo uno de los más destacados.

Si pueden defenderse los derechos de los practicantes de Falun Gong, quienes son los más amenazados, entonces las protecciones que obtengan se extenderán a todos los demás. Estos abogados tuvieron que pagar con sus licencias y sus trabajos, sufriendo deteciones, golpizas y torturas por sus esfuerzos en defender a los practicantes de Falun Gong.

De hecho, la esperanza de usar los casos de Falun Gong para reformar el sistema legal sufrió un revés. Las medidas extremas y el abuso del sistema legal desarrollado para usar contra los practicantes de Falun Gong se extendieron hacia los disidentes, los abogados de derechos humanos, los artistas y los ciudadanos comunes.

Al mismo tiempo, Jiang deseó utilizar los poderes extraordinarios creados para implementar la persecución para proteger a los funcionarios del partido de sus responsabilidades en la persecución.

El CAPL utilizó la persecución como una oportunidad para expandirse rápidamente. El incremento del poder de la Policía Armada Popular la puso a la par de las fuerzas militares, y el CAPL formó un segundo centro de poder dentro del PCCh.

Esto eliminó todo control sobre la ilegalidad del CAPL e incluso amenazó con darle los medios para derrocar al próximo líder del Partido con un golpe de Estado –cuya posibilidad causó que la cúpula del PCCh se pusiera en contra de Bo y Zhou.

Todo está permitido

El empresario británico Neil Heywood fue asesinado en noviembre de 2011 luego de una aparente pelea por unos negocios con Gu Kailai, esposa de Bo Xilai, el ex jefe del partido en la megaciudad de Chongqing caído en desgracia. De acuerdo con informes de noticias, se sospecha que Bo estuvo implicado en el asesinato.

El 7 de mayo de 2002, el vuelo 6163 de China Northern Airlines explotó y se estrelló en el puerto de la ciudad de Dalian, matando a las 112 personas a bordo. El periodista Jiang Weiping informó que Bo tramó el accidente de avión para matar a un oponente político.

Brilliance China, con sede en la provincia de Liaoning, es el principal fabricante de minibuses en China. En 2002, cuando Brilliance planeaba construir una planta manufacturera en otra provincia, Bo, por entonces gobernador de Liaoning, simplemente hizo que la provincia expropiara la empresa. Cuando este robo enfrentó ciertos desafíos, Bo acusó al dueño de la empresa de “crímenes económicos” que no especificó.

Bo fue uno de los principales impulsores de la persecución a Falun Gong, y Jiang Zemin lo premió por su fervor; en el espacio de cuatro años, lo promovió de alcalde de la ciudad de Dalian a gobernador de Liaoning y luego a Ministro de Comercio.

En 1999, cuando Jiang quiso forzar la persecución, tuvo la oposición de todos los otros miembros del Comité Permanente del Politburó, el pequeño cuerpo que gobierna China. Jiang necesitó reclutar a funcionarios dispuestos a llevar a cabo la persecución.

El modus operandi de Jiang fue recompensar con oportunidades de corrupción a quienes llevaban a cabo la persecución. Desde el comienzo de la persecución, la corrupción se ha disparado drásticamente.

La corrupción es intrínseca a la persecución y se extiende desde el nivel más alto al más bajo del Partido. Aparentemente, cada pueblo en China tiene un secretario del Partido y un jefe de policía con chalets nuevos y automóviles de lujo estacionados al frente. Las casas y los vehículos se compraron con las riquezas confiscadas a los practicantes de Falun Gong de la localidad y con los bonos que la Oficina 610 les entregó por perseguir a los practicantes.

Jiang Zemin tomó la iniciativa con respecto a la corrupción. En octubre de 2007, el ex ministro de Finanzas Jin Renqing renunció inesperadamente, presuntamente debido al dinero transferido al extranjero por Jin y Jiang Zemin unos años antes –cerca de 100 mil millones de yuan (U$S 15,8 mil millones) en fondos extraviados.

La Comisión Central de Disciplina del Partido actualmente está investigando un importante caso de corrupción relacionado con Jiang y su hijo, Jiang Mianheng. El dinero involucrado en el fraude financiero podría llegar a los 1,2 billones de yuan (U$S 190 mil millones).

La corrupción es síntoma de la inmoralidad radical de la persecución. No solo está permitido cometer crímenes –calumnias, robo, lavado de cerebro, torturas inimaginables, violación y asesinato– sino que también son requisitos para la persecución. Los funcionarios que llevan a cabo la persecución no están atados a las nociones del bien y el mal, por lo que les resulta fácil cometer crímenes.

Los ciudadanos comunes de China que no practican Falun Gong también han sufrido. Durante los últimos 13 años se ha visto una explosión de “incidentes de masas” en China –protestas a gran escala, a menudo violentas.

El profesor Xie Yielang de la Universidad de Beijing, citando cifras del CAPL, comentó que en 2009 hubo 230.000 incidentes de masas. El descontento popular se ha incrementado al tiempo que los funcionarios se han vuelto más codiciosos y menos preocupados por el bienestar del pueblo.

Y el pueblo mismo también aprendió a abandonar la moralidad. En la China de hoy, el dicho “todos me hacen daño, por lo tanto yo hago daño a todos” es moneda corriente.

El investigador Ethan Gutmann se refirió a la provincia de Liaoning de Bo Xilai como el epicentro de la sustracción forzada de órganos en vida en China. En la sustracción de órganos se puede ver la lógica de la persecución en su máxima expresión –asesinar a seres humanos inocentes de la manera más truculenta posible con el propósito de obtener un lucro.

Estabilidad y el futuro de China

Pocos años después de ser formada, la Oficina 610 fue renombrada como “Grupo Líder para el Mantenimiento de la Estabilidad”. Una de la calumnias utilizadas para justificar la persecución fue el alegato de que Falun Gong era una amenaza para la estabilidad social.

De acuerdo a un informe de 1999 de una agencia estatal, entre 70 y 100 millones de personas practicaban Falun Gong en China. Fuentes de Falun Gong dicen que el número superaba los 100 millones –equivalente a uno de doce chinos.

Cada practicante tiene familiares, amigos y colegas, por lo que la persecución afectó directamente a cientos de millones de chinos.

Nunca podrá lograrse la estabilidad en China si el Estado declara la guerra a una proporción tan grande de la nación.

De hecho, varias encuestas demostraron que Falun Gong tiene excelentes resultados en el mejoramiento de la moralidad, en la resolución de conflictos en relaciones interpersonales, en estabilizar la sociedad y en la curación de problemas de salud.

En mayo de 1998, el Buró Nacional de Deportes de China comenzó a estudiar los efectos de Falun Gong, encuestando a más de 100.000 practicantes de Falun Gong. El 20 de octubre, el líder del equipo del estudio del Buró de Deportes de Changchun, al noreste de China, dijo en un discurso que “Creemos que la efectividad de Falun Gong es muy buena, y ha tenido un impacto evidente en la estabilidad social y en la construcción de la moralidad. Debemos reconocer esto por completo”.

En la segunda mitad de 1998, Qiao Shi, que acababa de terminar su mandato como presidente del Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo e integraba el Comité Permanente del Politburó, realizó su propia investigación junto a otros integrantes de alto rango del Congreso.

Cuando el equipo de investigación médica entrevistó a más de 12.000 practicantes de Falun Gong en la provincia de Guangdong, el 97,9% dijo que la práctica de Falun Gong les había mejorado la salud. El informe concluyó que “Falun Gong tiene cientos de beneficios para el pueblo y la nación de China, y no causa ningún daño”.

En una carta escrita en la noche del 25 de abril de 1999, Jiang Zemin formuló la pregunta, “¿Podrían el marxismo, materialismo y ateísmo que sostienen los miembros de nuestro Partido Comunista no ganar la batalla contra lo que promueve Falun Gong?”

La persecución ofrece una clara elección entre el “Marxismo, materialismo y ateísmo” del PCCh y los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia en los que se basan las enseñanzas de Falun Gong.

El intento de Jiang por erradicar a Falun Gong es parte de un esfuerzo del PCCh que ya lleva más de 60 años para destruir la antigua civilización china y cortar de raíz la vida de la nación, su cultura.

La civilización de China enseña a la gente a valorar la virtud, hacer obras buenas y respetar lo divino. La cultura tradicional china enfatiza virtudes como sinceridad, amabilidad, amor, perdón, lealtad y coraje. Estas virtudes formaron las cualidades del pueblo chino y son la base para la continuación de la cultura china.

Las enseñanzas de Falun Gong personifican lo mejor de la cultura traidicional china. La persecución que inició el PCCh contra Falun Gong agotó las finanzas del país, destruyó las esperanzas de un sistema legal y arruinó la moralidad de la nación, todo mientras victimizaba a gente buena e inocente.

Terminar la persecución permitirá que el pueblo chino encuentre el camino de regreso a su patrimonio. Una vez más, la nación china podrá disfrutar de una vida con orden y significado debido a la moralidad, libertad basada en la subordinación ante lo superior y dignidad basada en el respeto a lo bueno.

El camino hacia el futuro de China es claro. Para aquellos alrededor del mundo que anhelan una China estable que juegue un papel productivo en el mundo, la elección es obvia: opónganse a la persecución a Falun Gong.

La historia juzgará la elección de cada persona.

 

Cuando el ex jefe de policía de Chongqing, Wang Lijun, huyó por su vida al Consulado de EE. UU. en Chengdu el pasado 6 de febrero, activó una tormenta política que todavía no ha terminado. La batalla detrás de escena se centra en qué postura asumen ante la persecución a Falun Gong. La facción con las manos manchadas de sangre –los funcionarios que el ex líder del PCCh Jiang Zemin promovió a fin de llevar a cabo la persecución– intenta evadir su responsabilidad por los crímenes y continuar su campaña. Otros funcionarios se están rehusando a seguir participando en la persecución. Los eventos presentan una clara elección para los funcionarios y ciudadanos de China, al igual que para la gente del mundo: apoyar u oponerse a la persecución a Falun Gong. La historia dejará un registro de la elección que cada persona realice.