Estimado Presidente Obama,
Todavía hay tiempo –pero no mucho- para que cambie su posición respecto al Partido Comunista chino. En la batalla entre el bien y el mal no hay espectadores.
La mafia que ha aterrorizado a su propia gente durante 60 años está llegando a su etapa final. Más de 115 millones de miembros del Partido Comunista, la Liga Juvenil, y los Jóvenes Pioneros, han renunciado a sus membresías y a sus corazones. Disturbios civiles y voces disidentes forman una creciente marea que el corrupto aparato de seguridad no puede detener.