|
Por Michal Neeman / 10 de junio de 2008
Una entrevista con el fotógrafo Samuel Bollendorff revela la cara ambigua del milagro económico chino: la violencia contra los seres humanos, la devastación de la naturaleza, y un país milenario controlado por la mafia que se sirve del peor capitalismo para mantener a un régimen comunista.
Hace quince años, Samuel Bollendorff visitó China. Doce años más tarde, volvió y se encontró con que la ciudad de Beiijing fue arrasada y luego reconstruida, y en Shanghai, tres mil grandes edificios habían emergido. De este viaje nació el proyecto llamado “rompiente económico” que corre el riesgo de derribar a China y al mundo entero.
Desde hace tres años, realiza una serie de viajes entrevistándose con obreros y campesinos que comienzan cada día el supuesto milagro económico chino. Por textos simples y referentes que acompañan las fotografías de su exposición, Samuel Bollendorff revela la cara indeterminada del milagro económico chino, la violencia contra los seres humanos, la devastación de la naturaleza, y un país milenario controlado por la mafia que se sirve del peor capitalismo para mantener un régimen comunista.
(Samuel Bollendorff)
Esto es sólo una parte de las revelaciones ya conocidas de esta exposición conmovedora:
- Habla de los obreros sobreexplotados que trabajan en las fábricas de juguetes en condiciones inhumanas.
- Habla de las represas y de cómo miles de personas se vieron expropiadas de sus tierras, encontrándose sin hogar ni trabajo.
- Habla de los mineros enterrados en las minas de carbón.
- Se revela la inexistencia total de libertad de expresión y de información.
- La severa presión política que lleva a los que protestan a campos de trabajo forzado, cuando no son condenados a muerte.
- Se ven imágenes de los ejecutados. Ya lo conocíamos de oídas pero las imágenes siempre resultaban vagas y en cierto modo, todavía era algo abstracto.
Y todo esto provocó una reacción “pero sin embargo, China ha hecho un gran progreso” o “es mucho mejor que lo que se veía”, o “cómo quiere usted administrar un país tan grande sin un régimen totalitario”. Tentativas vanas de justificar lo injustificable.
Samuel Bollendorff da forma a lo abstracto y a la información. Materializa caras, cuerpos, manos y piernas a todo un pueblo oprimido por un régimen anacrónico. Devuelve la voz a toda la gente amordazada. Coloca cada nariz con las manos de una madre que tiene el retrato de su hijo asesinado por el Estado. Nos sumerge en los ojos de las trabajadoras sobreexplotadas, haciendo resonar su historia en nuestras conciencias. Muestra la imagen del río contaminado.
- Da a conocer la historia de las tumbas habilitadas cuidadosamente según métodos tradicionales para ser engullidas pronto bajo las aguas de la presa.
- Da a conocer el nombre de este joven de seis años forzado a beber el agua que desde luego lo matará. Se llama Li Xiao Dong.
- Da a conocer a ambos guardianes de la propaganda del régimen comunista que se hacen pasar por periodistas.
- Da a conocer al vicegobernador del pueblo de Xiditou que siembra el terrorismo. Se llama Hou Junwei.
- Da a conocer también al vicedirector general de la oficina de información de Estado. Una vez que nos acercamos a estos nombres, estas caras, estos cuerpos, estos paisajes y estos horrores, la historia nos pone ante nuestras responsabilidades.
Diversas leyendas acompañan las imágenes en un estilo sucinto: “Su madre murió hace cuatro días”. “Su padre se vio obligado a vender las tierras, el refrigerador, la tele, la moto, para poder pagar las facturas del hospital”. “Debía recibir indemnizaciones, pero el Gobierno local desvió el dinero”. “Ya no tiene nada”. “No puede financiar el entierro de su mujer”. “Prefiere no compadecer por miedo a represalias”.
Este testimonio representa sólo un caso del “pueblo del cáncer”. En el pueblo Xiditou a algunos kilómetros del césped de los Juegos Olímpicos, la población perece a causa de la polución. Los campesinos ni siquiera pueden comprar agua mineral, siguen bebiendo del agua mortal.
“Tu hijo por ser tan malo le vendimos sus órganos”. Fue por medio de estas palabras que Chen Yang Zhong se enteró de la muerte de su hijo, cuando la policía local le presenta la factura de cinco euros, el precio de la bala con la que le dieron muerte. Chen Tao fue ejecutado el 1 de diciembre de 2006; condenado a muerte por su participación en los motines de Han Yuan, ni la familia ni su abogado tuvieron conocimiento de esta condena.
Hazañas de Huo Junwei, vicegobernador de Xiditou y responsable del desarrollo de las empresas. Palizas, requerimientos de las tierras, presiones financieras y administrativas, corrupción en todo género, informes falsos de peritos… Sus milicias garantizan el silencio de las familias de Xiditou.
“Antes había muy buenos cangrejos de río y se tenía la costumbre de bañarse. Pero ahora, esto se acabó, el río está contaminado. Antes, el cielo era azul y las aguas eran puras. Pero ahora, por donde quiera que vayas las aguas se han vuelto negras”.
“Los índices de arsénico y de plomo en el agua, sobrepasan de diez a quince veces el límite marcado para el consumo del ser humano”.
¿Cómo pudo entrevistarse con la gente y recoger su testimonio a pesar de la vigilancia del régimen comunista?
“Antes de partir leí mucho e hice muchas investigaciones. Trabajé también con un corresponsal de RFI en Beijiing que vive allá desde hace ocho años, es francés y habla chino, esto fue muy importante ya que nos permitió no recurrir a un traductor chino. No queríamos correr el riesgo de poner en peligro a un chino, y además, a la hora de entrevistamos con los mineros, los expropiados por las presas, y otros, el ser extranjeros facilitaba la tarea, porque no sentían miedo de hablarnos y se expresaban como si estuvieran fuera del país.
En realidad pienso que era muy importante la confianza que podían concedernos. Obtuvimos visados de turismo incluso en lugares un poco clandestinos, pero pudimos encontrar a esta gente que nos contó su historia. En cuanto nos identificábamos como periodistas, el discurso oficial hacia su parte. Éramos bienvenidos pero era necesario que se escuchara el discurso oficial. Por ejemplo, en las minas de carbón, quince días después, fue un periodista chino a hacer un reportaje y se llevó una paliza que estuvo apunto de caer en coma. La violencia se desencadena más fácilmente sobre un chino. Cuando se es extranjero, logran comprender que se esté allí. Jugábamos un poco con esto y a veces justificábamos nuestra presencia como inversores extranjeros. Otras veces, decíamos que éramos estudiantes de sociología y que hacíamos un estudio sobre la media de la felicidad del trabajador”.
¿Consiguió establecer contactos más próximos?
“Justo en esos momentos había que trabajar muy rápido para poder entrar en la fábrica, hacer fotos y salir enseguida, pero después disponíamos de más tiempo para estar con los obreros. Por ejemplo, íbamos a la salida de las fábricas de juguetes y allí charlábamos con ellos. Después nos volvíamos a ver, íbamos a un restaurante y seguíamos conversando, cuando estaban fuera de las fábricas o las minas, teníamos más tiempo y podíamos escucharlos cuando nos contaban su historia. También hablamos durante un rato largo con una trabajadora. Ella nos dio la dirección de su familia que vivía a varios miles de kilómetros de allí. Pudimos acercarnos a su casa y reunirnos con su familia para ver sus orígenes rurales. Era muy importante tomar un tiempo para todo esto”.
¿Qué es lo que le más lo conmovió?
“En general, lo que me más me enfurecía, era ver el modo en que estos obreros son realmente el descartable del ‘milagro económico chino’. Tan pronto como alguien enferma o resulta herido, es devuelto y se pone a otro. Otro caso es que se puede expropiar a 100.000 personas de golpe para hacer una represa sin ninguna compensación a cambio y se les deja acorralados en otro lugar para hacer una ciudad de desocupados. La vida humana funciona así, no tiene ningún valor, eso era espantoso. Vi a un pueblo en el que las fábricas contaminaban las aguas de los embalses hasta 400 metros de profundidad, y aunque la gente moría, se les obligaba a seguir bebiendo el agua de las fuentes porque no tenían bastante dinero para comprar agua mineral. Cuando intentaron poner una denuncia, el gobernador local ejerció sobre ellos una presión enorme. Entre otras cosas, les dificultó la posibilidad de conseguir papeles para solicitar ayudas estatales, eran amordazados. Fue esta especie de encerramiento en este destino social sin un futuro, lo que más me conmovió”.
¿Acaso hubo imágenes más difíciles de realizar, como por ejemplo el del condenado a muerte?
“Conseguir una foto del condenado a muerte, fue algo complicado porque la familia fue expropiada y enviada muy lejos de allí, y la gente por miedo no nos daba sus señas. Durante una semana, surcamos las montañas de Sichuan y buscamos en los pueblos preguntando entre antiguos vecinos, hermanos, etc. y finalmente conseguimos encontrar a la familia. Era esencial tener una foto de este chico, que nos permitiera a nosotros también tener un recuerdo de él, y que su madre lo pudiera guardar. A veces, la gente tenía miedo a hablar pero en la medida que se ganaba su confianza, comenzaban a abrirse y a contar sus historias. Se sentían felices de que estuviéramos escuchando sus quejas, porque tienen la impresión de que nunca pueden quejarse”.
¿Cómo escogió las temáticas de la exposición?
“Comencé primero con los juguetes y después pasé a las minas. Cuando estaba en las minas escuché la historia de este chico que había sido condenado a muerte y cuando regresé a París dije ‘absolutamente hay que hacerlo’, porque me parecía que detrás del trabajo de las minas y los juguetes, se escondían grandes historias sociales. Pero no había esta presión política tan violenta. Por lo tanto, me fui de nuevo para hacer esta historia sobre las represas y tratar de encontrar a su familia. Y luego, fui enviado a hacer un viaje de publicidad a Xinjiang. Me parecía importante comenzar la exposición con aquel reportaje, porque era también un modo de pasar de la idea del informe a la información, y sobre todo, la complejidad que suponía trabajar allí en China. Finalmente tuve la información de este pueblo al lado del césped de los Juegos Olímpicos. Quería tener un pequeño ayudante local pues hice este último trabajo sobre el contexto de las minas y la corrupción”.
¿Puede contarnos cómo le surgió la idea del concepto texto imagen para esta exposición?
“Desde el principio he tenido esta idea de hacer un montaje con los textos y las imágenes. Se montó una primera exposición de imágenes en el festival de Visa. No era muy grande, pero ahí fue donde se habían expuesto otras fotos con texto enmarcado. Continuamos con este dispositivo para una futura exposición porque es muy importante que el texto vaya unido a la imagen. Hay una interacción que se produce: la imagen está al servicio del texto y viceversa. Los textos tienen que ser claros y concisos, de manera que permitan dar información factible quedando accesibles para que el grueso del público pueda ver y percibir el sentido de la exposición. Si se ponen textos demasiado largos, la gente no los lee. Encontré unas citas con contenido metafórico, que caracterizan un poco el modo de expresarse de los chinos. Son pequeñas cosas que dan un toque que envuelve el clima y el ambiente en general. Todo esto constituye el discurso de la exposición”.
¿Acaso desea cambiar lo que usted llama “destino encerrado” en su exposición?
“Lo que busco cuando hago exposiciones así, es tratar de conmover a la gente. No hay secretos ahí dentro. Estas son cosas que se conocen. Sabemos que los juguetes son fabricados en China por trabajadoras en condiciones sociales espantosas. Sabemos bien que hay represas por todas partes. Cada tres semanas se oye decir que hay muertos en las minas de carbón. Pero lo que realmente es importante, y ese es mi oficio, es tratar de encontrar un dispositivo con fotos y textos para hacer una exposición gratuita, grande, pública, etc., y tratar de trasmitir aquellas informaciones de modo diferente, para que la gente cuando lo vea, se sienta profundamente conmovida. La información, ya la teníamos pero allí se trató a la gente en vivo, escuchamos directamente sus historias, hemos recopilado sus citas y ahora, la idea es procurar crear una relación afectiva a estos dramas. Si el resultado de todo esto es que nos hayamos conmovido, ya no podemos ser pasivos. Cuando se logra hacer sentir algo, es porque una semilla ha sido plantada y esto es lo que cambia a la gente en el interior. Después, pertenece a cada uno decidir hacer algo o no”.
¿Y para concluir?
“Es necesario que este trabajo esté disponible para el mayor número posible de gente y que sea visto por un numeroso público. Pienso que esto puede hacer pensar en un mundo un poco menos violento. Desgraciadamente hay más reportajes sobre el ‘milagro económico chino’ que sobre el revés del milagro”.
China “a marcha forzada” de Samuel Bollendorff
Hasta el 20 de junio de 2008 Casa de los obreros metalúrgicos
94, rue Jean-Pierre Timbaud - Paris 11e
Metro: linea 2 (Coronas) y 3 tipos de (Parmentier)
Autobús: línea 96.
Haga clic aquí para ver las fotos
|