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Por D.J. McGuire – Especial para La Gran Época / 14 de septiembre de 2008
Estas Olimpiadas se podrían llamar de muchas maneras, pero éxito no es una de ellas.
Los Juegos Olímpicos ya pertenecen al pasado. Para los que no están de acuerdo con el comunismo, la represión a la libertad de expresión de la prensa extrajera no fue una sorpresa, como tampoco lo fueron las infundadas afirmaciones de los altos dirigentes del Partido Comunista Chino (PCCh), que a través de los principales medios de comunicación, afirmaron que los Juegos fueron un éxito extraordinario.

El personal de seguridad de China pidió no tomar fotografías en frente de la puerta, ni cerca del Tiananmen Square, uno de los lugares más sensibles, políticamente hablando, en donde los militares reprimieron la protesta pro-democracia en 1989. Beijing agosto 17 del 2008. (Ted Aljibe/AFP/Getty Images)
El verdadero impacto es que esas aseveraciones son incorrectas. Los Juegos Olímpicos fracasaron al no hacer lo que los comunistas les pidieron.
Cada alabanza acerca de la ceremonia de apertura fue coincidente con las críticas a la utilización de la niña Yang Peiyi. El éxito de ganar más medallas de oro que ningún otro (aunque Estados Unidos ganó más medallas en total) fue ensombrecido con el escándalo de las gimnastas. A esto se agrega que muchos campesinos chinos no quisieron ver los Juegos, muy lejos de lo que la extravagante propaganda de los líderes chinos querían.
Incluso los que reconocieron que el espectáculo había sido bien realizado, fueron decepcionados. Tom Boswell del Washington Post lo denominó “desalmado” mientras que el periódico irlandés Irish Times lo denominó “herméticamente sellado”.
Para completarlo, el último día llegó un desgarrado mensaje de Wasingthon contra los directivos comunistas por rehusarse “a demostrar tolerancia con los oponentes”, definitivamente no es el tipo de mensaje que el régimen quería.
La siguiente pregunta es para el régimen chino: ¿Valió la pena? ¿Valió la pena arruinar la vida de los ciudadanos y amargarlos? ¿Valieron la pena los inevitables escándalos de corrupción? Basándonos en lo anterior la respuesta es claramente, no.
Estos Juegos Olímpicos no van a parar a los practicantes de Falun Gong en sus demandas al derecho de creer sin ser encarcelados, torturados, o asesinados para vender sus órganos. No van a silenciar a los furiosos inversionistas estafados por los dirigentes comunistas. Tampoco harán que la gente se olvide del Tibet.
Ante todo, los Juegos han alertado al resto del mundo en poner más atención a las ambiciones militares chinas y sus actividades de espionaje - exactamente en donde las autoridades no querían que nadie pusiera sus ojos.
Un ejemplo perfecto de esto fue la demanda interpuesta por las victimas israelitas del ataque terrorista contra un banco de propiedad del régimen, los terroristas dijeron que los ayudaron.
Los detalles de la demanda revelan un esquema de múltiples niveles diseñado por el partido comunista para ayudar a los terroristas sin que se advierta su complicidad.
Según con los cargos, el Banco de China envía regularmente cerca de US$100.000 a un banco privado a la cuenta de un funcionario de alto rango de Hama en China, que usa el dinero para comprar mercancía y despacharlas a Gaza. En Gaza la mercancía es vendida nuevamente al oficial de más categoría de Hamas y las ganancias se utilizan como fondos para las actividades terroristas.
De acuerdo con los demandantes y su abogado Nitzana, el gobierno de Israel le notificó al Banco de China sobre lo que Hamas estaba haciendo con el dinero y pidió al Banco de China que no hiciera más transferencias. Darshan-Leitner asegura tener pruebas de esto.
En otras palabras, el comunismo chino está proveyendo a un miembro clave de Hamas y circulando su dinero para ser usado en un plan organizado - tenga en cuenta que el Banco de China es uno de los “los cuatro grandes bancos propiedad del régimen”.
Para los líderes comunistas, es volver a los negocios usuales, incluyendo el vergonzoso sostenimiento de la colonia coreana. Cualquier brillo que obtuvieron durante los Juegos es pálido y de corta vida. Estas olimpiadas tenían como objetivo agregarle años de vida al régimen; sería mucha la suerte si obtuvieran unos días por esto.
Lo más probable es que el Partido Comunista Chino haya dejado una vergüenza que será recordada por largo tiempo después de que los momentos de propaganda hayan pasado por pueblos apáticos y por la historia; una letanía de escándalos de corrupción pueden manchar el Partido como nunca antes, y el mundo libre será más cauteloso y determinante en prevenir que el régimen use espionaje, terrorismo o cualquier otro método para alcanzar un poder global en una lucha desesperada por la supervivencia.
Esto podríamos llamarlo de muchas, muchas maneras pero éxito no es una de ellas.
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