Libertad denegada para la esposa de Hu Jia

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Radio Free Asia / 2 de septiembre de 2008

Zeng Jiyan sigue retenida en algún centro de detención de China y es imposible dar con su paradero.

Zeng Jiyan, esposa del defensor de derechos humanos Hu Jia, sigue detenida en algún centro de detención de China y es imposible dar con su paradero. Se cree que las autoridades del régimen chino trasladaron a Zeng fuera de Beijing durante los Juegos Olímpicos.

Zeng Jinyan (der), la esposa del activista de derechos humanos Hu Jia habla a los medios de comunicación, en el momento que su esposo es condenado a tres años y seis meses de prisión, en el marco de la campaña de "limpieza" que realizó el régimen antes de los Juegos.(TEH ENG KOON/AFP/Getty Images)

El 25 de agosto Boxun.net reportó que las autoridades chinas se llevaron a Zeng Jinyan a la ciudad de Dalian después de visitar a su esposo en la prisión de Chaobai cerca a la cuidad de Tianjin, el 7 de agosto. Según se informó, a Zeng no le fue permitido volver a Beijing hasta el 23 de agosto.

De acuerdo con Feng Juan, la madre de Hu Jia, su nuera no estuvo en Beijing durante las Olimpiadas, y no tiene detalles de su paradero.

Hu Jia fue sentenciado en marzo a tres años y medio de prisión. Su familia tiene permitido visitarlo una vez al mes, pero las autoridades les prohíben llevarle comida y otras provisiones. “Se ve bastante delgado –comentó su madre- y la prisión no nos permite llevarle medicamentos.

Los oficiales de la prisión ocultan todas las cartas que llegan, y sólo las entregan a los reclusos cuando leyeron su contenido. Cuando Zeng Jinyan le envió a su marido una copia de “Convención Internacional sobre Derechos Humanos y Protección de los Prisioneros Chinos” el libro fue confiscado por los oficiales y devuelto a la familia.

Boxun.net reportó que el vocero de la oficina de relaciones públicas de la prisión de Chaobai dijo que Hu Jia recientemente había causado problemas objetando la decisión de la prisión de llevar a algunos internos a juicio. Hu alegó que las acciones de los oficiales violaban los derechos de los prisioneros e hizo públicas sus críticas al personal de la cárcel y a los demás reclusos. Como castigo, la prisión ordenó siete horas al día de duro trabajo para todos los internos.

Hu Jia escribía cartas a su familia una vez a la semana, sin embargo desde el 1 de agosto no recibieron más correspondencia.

Artículo original en chino

 

 
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